Galicia, con sus más de 1.300 kilómetros de costa, ofrece miles de lugares de gran belleza, y como no podia ser menos, cientos de olas que surfear. De entre estos cientos y miles, un lugar destacado es sin duda Pantín, y en concreto las tierras del valle que forma el río Ramalleira, cuyas aguas desembocan en la playa do Rodo tras humedecer el gran cañaberal de Pantín, el más grande cañizal de Galicia.
Y es que en Pantín, al igual que en las playas de Doniños o A Frouxeira, se encuentra una de las más importantes lagunas costeras de nuestra geografía, formaciones que fueron realmente pequeñas rías hace milenios cuando el clima en nuestra region se caracterizaba por ser frío y árido. Estas pequeñas rías, allá por el Cuaternario, se fueron llenando de arena hasta formar una barra que las cerró frente al mar; una gran duna que se anteponía en la lucha entre las aguas que bajaban por los ríos y regatos del valle, y las mareas y olas del mar. La barra de arena terminó por aislar estas zonas parcial o totalmente del océano. Posteriormente la llegada de nuevos sedimentos, arrastrados por los ríos, fueron llenando paulatinamente la laguna, ayudando con su presencia al asentamiento de la vegetación que poco a poco fue colonizando sus bordes, creando en Pantín un entorno de gran valor medioambiental por la fauna y flora que en él habitan.
Y rodeados de todo este entorno, del océano Atlántico, del carrizal, y de los picos da Burneira y Os Penedos, se encuentran la playa y las olas de Pantín.
Posiblemente yo no sea el más adecuado para describir los diferentes picos u olas que rompen en la playa, ya que son pocas las veces que he surfeado en ella. Mi relación con Pantín viene sobre todo por el campeonato, y por haber observado durante su celebración, muchas veces de reojo, sus olas. Así que como debido a mi escasa experiencia acuática poco puedo aportar, me centraré en por qué toda la playa, y todos sus picos, hacen de Pantín un lugar excepcional para la celebración de un campeonato de surf. De hecho me imagino que más de uno se habrá preguntado alguna vez ¿por qué aquí, habiendo otras playas mejor comunicadas y más populares?, ¿por qué organizar una prueba del circuito mundial de surf en Pantín?.
El impulso originario nació hace 24 años, cuando el surf, ya enraizado como deporte en Galicia, era una pequeña criatura en crecimiento. En 1987 no existía ningún club, ninguna tienda y menos un campeonato relacionado con nuestro deporte. Fue así, con la idea de cubrir este vacío, como nacían casi al unísono el Océano Surf Club, la tienda Aquasurf y el Pantín Classic, este último con un reto: organizar un evento que se pudiese equiparar a lo que por aquel entonces ya existía en Francia, California, Australia o Hawai. Olas no faltaban.
Entre todas las playas, aunque yo no estaba presente en el momento de la elección, creo intuir que se eligió Pantín por una serie de motivos que el tiempo ha demostrado como claves para que el campeonato se haya podido celebrar con éxito en estas 24 ediciones.
Por su orientación la playa de O Rodo, junto con Campelo, son los arenales de Ferrolterra en las que el oleaje entra de un modo más directo. Además la orografía de este tramo de costa, en la que verticales acantilados parecen recoger la playa creando una cerrada ensenada, hace que toda la energía ondulatoria que transportan las olas se concentre en sus rompientes, incluso los días en los que ésta es mínima, como ocurre cuando el oleaje predominante es el de viento de dirección nordeste (muy frecuente en el mes de septiembre). Estamos por tanto en la playa en la que mayores son las probabilidades de tener las olas más grandes, factor muy importante sobre todo cuando hay poco mar. Por otro lado, y a pesar de ser la playa en la que el mar entra con más fuerza, debido a la configuración de la costa en su entorno, y de la propia playa, Pantín es el arenal que aguanta mayor tamaño de modo ordenado, rompiendo olas surfeables de hasta 5 metros, cosa impensable en las demás playas. Además el canal a la derecha permite acceder a la zona de rompiente con rapidez. Por tanto Pantín admite no sólo las olas más grandes, sino que es la mejor playa cuando las condiciones son pequeñas. Su orientación es además también la mejor para los vientos dominantes de la zona, siendo de todas las playas la que mejor soporta los temibles vientos del noroeste que desordenan el oleaje de modo considerable en el resto de playas.
Por último, ya en tierra, la disposición del “outeiro” crea una grada natural lo suficientemente cerca del mar para que un buen número de espectadores puedan disfrutar del campeonato y los jueces puntuar las olas del campeonato.
























